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Conmemoración del 170 aniversario de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista

Segundo Artículo

Por: Efraín Pabón

El manifiesto del partido comunista permitió pasar de la lucha clandestina a la lucha abierta por el poder político y social; puso de presente el papel de la lucha de clases en la historia; y su análisis está basado en el concepto de formación social. Estos, a grandes rasgos, fueron los aspectos abordados en nuestro artículo anterior. Tal como quedó planteado, caracterizaremos cada uno de los capítulos de esta obra, sin embargo, en nuestro primer artículo no abordamos todos los aspectos referidos en el primer capítulo, por lo cual vamos a continuar donde quedó nuestra presentación.

En BURGUESES Y PROLETARIOS, Marx y Engels muestran que cada una de estas clases no surgieron espontáneamente, sino que son un producto de las relaciones sociales que se fueron configurando a lo largo de la historia, y como vimos, la historia no es otra cosa que el proceso mediante el cual una determinada sociedad produce su existencia. En otras palabras, las clases sociales son un producto histórico. Pertenecer a una clase es producto del modo de vida, de la cultura, y de la relación que se tenga con los medios de producción. Estos tres aspectos que definen a una clase social, no son los únicos, sino que de ellos se deriva la ideología de la clase, los valores, la concepción de mundo, la posición política, entre los más destacados.

En este artículo vamos a enfatizar algunas ideas que consideramos importantes, que presentan Marx y Engels en este primer capítulo del manifiesto, referidos a la lucha de clases, a la contradicción histórica que da origen a dicha lucha de clases, y a la necesidad de asumir, como práctica de vida, el proceso de transformación radical de las relaciones sociales, como única vía de resolver dicho conflicto histórico.

El propósito de destruir una sociedad y construir una nueva, según la perspectiva de análisis que nos plantea el marxismo, implica, no solo la lucha por el control de los medios de producción, que hoy están en manos de los capitalistas, de los burgueses, sino también crear una nueva cultura, una nueva ideología, unos nuevos valores, una concepción de mundo acorde al proceso de transformación, una postura política en coherencia con dicho proceso de cambio. Todo esto está planteado en el manifiesto, pero hay que considerar que no les fue posible a Marx y Engels, detenerse a explicitar ampliamente cada uno de estos aspectos, en razón de los objetivos de la obra y de la brevedad de la misma.

Con el tiempo transcurrido desde la publicación del manifiesto, y con el desarrollo de la sociedad, es decir, de la ciencia, la tecnología, de la educación, de las comunicaciones, de la cultura, etc., hoy tenemos mayores elementos para comprender de qué se trata un proceso de cambio social. La sociedad comunista, la sociedad basada en la propiedad común de los medios de producción, se plantea como distinta, como alternativa, y por ello como nueva sociedad, si logra transformar coordinada y coherentemente las relaciones sociales, a las instituciones sociales creadas para legitimar y viabilizar dichas relaciones sociales, los valores, los imaginarios, y fundamentalmente a las mujeres y los hombres vinculados a estas relaciones sociales.

Para ejemplificar brevemente esto dicho, tengamos presente que el objetivo del manifiesto del partido comunista fue hacer pública la ideología y el proyecto político de los comunistas. El marxismo en este sentido es una demostración de que todo proceso de cambio, de transformación, requiere que la idea misma de la necesidad del cambio, de la transformación, se revele como una idea necesaria.

Haciendo la crítica de la clase de los burgueses, Marx y Engels destacan que esta clase, revolucionando las fuerzas productivas, lograron igualmente transformar todas las formas idealizadas de las relaciones entre los siervos y sus patrones, es decir, despojaron de su aura de respeto y de venerabilidad a todas las profesiones del pasado, al convertirse todas ellas en una más de las mercancías de la sociedad capitalista. En este caso, no solo se transformaron las relaciones sociales de producción, sino que a la par de este proceso, se transformaron las ideas, los valores, las distintas formas de concebir y de relacionamiento social a partir de las profesiones. Vemos cómo un cambio en las relaciones sociales de producción deriva en un cambio correspondiente en el imaginario social, en las ideas y los valores sociales.

Con este breve ejemplo queremos resaltar que el manifiesto es, sin lugar a dudas, una exposición fundamentada de la necesidad de que la idea de la transformación social, se convierta en fuerza material, es decir, que sea una idea que encarne en las mayorías sociales que viven de vender fuerza de trabajo, a partir de la conciencia del carácter explotador de la sociedad capitalista, y por ello la necesidad de transformar dicha sociedad. Pero, ¿las ideas de cambio social surgen espontáneamente? ¿solo a mujeres y hombres destacados se les ocurren dichas ideas?

Marx y Engels, en este primer capítulo del manifiesto, han hecho una exposición del proceso histórico de transformación de la vieja sociedad feudal, hasta convertirse en sociedad burguesa, y todo ello tuvo como elemento determinante, la transformación de las relaciones de producción. Haciendo una síntesis de este capítulo, diremos que la idea básica del marxismo acá es que en un momento dado de la historia social, las relaciones de producción, que siempre están en un proceso constante de desarrollo, de avance, de transformación, dejan de corresponder con el carácter de la propiedad en dicha sociedad.

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Las relaciones de producción burguesas, basadas en la explotación de la fuerza de trabajo entraron en contradicción con el carácter social de la propiedad en la sociedad feudal, por ello mismo se agudizó e intensificó la lucha de clases entre la burguesía y las clases más representativas de la sociedad feudal, la monarquía, la nobleza, los terratenientes, el clero, etc., y sobrevino entonces un momento de revolución social.

En palabras de Marx y Engels, las fuerzas productivas entran en contradicción con las relaciones de producción, o con su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en una determinada sociedad. Es por esto que las ideas de trasformación, de cambio, no surgen espontáneamente, además, no las conciben aisladamente algunas mujeres o algunos hombres destacados, sino que estas ideas tienen como sustrato material a las mismas relaciones sociales de producción.

Del conflicto social entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, se deriva en la conciencia de las mujeres y los hombres el carácter de dicho conflicto y la necesidad de resolverlo por la vía revolucionaria. Así, sobre este entendido, este primer capítulo del manifiesto, nos muestra cómo la burguesía transformó los cimientos de la sociedad feudal, transformando las relaciones de producción, y una vez lograron esto, concentrando en sus manos el poder económico, su nuevo propósito fue conquistar el poder político, triunfo que también obtuvieron hasta convertirse en la clase hegemónica de la sociedad. Desde este lugar hegemónico en los ámbitos económico y político, transformaron igualmente los valores, los imaginarios, la cultura, la ideología, la moral, etc., acorde a sus intereses de clase. Según expresión del manifiesto, la burguesía creó un mundo a su imagen y semejanza.

La burguesía, que empezó siendo una clase revolucionaria en el seno de la sociedad feudal, una vez conquistó el poder económico y político, se convirtió en clase reaccionaria, y por ello en un obstáculo para el mismo desarrollo de la sociedad.

La sociedad burguesa surge en la historia sobre la base de un conflicto, el conflicto existente entre las relaciones de producción, socializadas, masivas, y el carácter privado de la propiedad, por ello la única forma de resolver este conflicto es mediante la transformación radical del carácter social de la propiedad y de las relaciones de producción, para así  transformar radicalmente las demás formas de relación social en la sociedad burguesa.

Este proceso de cambio, que como expresa reiteradamente el marxismo es un cambio radical, es decir, no se trata solo de pequeñas reformas, de cambiar solo algunos aspectos de la sociedad, requiere que esta idea sea válida, como proyecto de vida, para la gran masa de población sometida al régimen de explotación laboral en el capitalismo, como lo expresamos previamente, pero las mujeres y los hombres son seres históricos, es decir, su concepción de mundo, su ideología, sus valores, se corresponden con el nivel de desarrollo de la sociedad en la cual viven, y en este caso, la sociedad burguesa, es decir, la sociedad en que impera la hegemonía burguesa, ha moldeado el modo de vida de los miembros de la sociedad de manera genérica, haciéndolos proclives al mantenimiento de su status social y a la defensa de sus intereses.

Este es un primer obstáculo que ha de vencer todo proyecto revolucionario, el obstáculo de la enajenación ideológica, es decir, la influencia que tienen las ideas, los valores, la moral, etc., de la clase que domina y explota, sobre las demás clases. Es por ello que el manifiesto del partido comunista es una obra invaluable en la historia política mundial, porque es un instrumento de lucha ideológica y política de los proletarios, y es igualmente una demostración histórica que la revolución ha emergido como expresión de la necesidad social del cambio, y que dicha revolución anida en la clase que la historia ha definido para adelantarla.

El proletariado, a partir del manifiesto, debe convertirse en fuerza material de la revolución, basado en la unidad de la clase, en su organización, en el afianzamiento de su ideología, y en la fuerza que da un horizonte estratégico de su lucha, es decir, un proyecto de cambio social, por ello la lucha del pueblo, la lucha de los distintos sectores sociales hoy sometidos al régimen de explotación económica y al régimen de dominación política en el mundo entero, debe superar la fragmentación de las luchas reivindicativas de estos sectores, y asumir coherentemente la unificación de todas las luchas, en una única lucha para destruir al modelo social capitalista que está en contra de la vida misma.

Es por ello que sigue resonando atronadoramente en nuestra conciencia el llamado de los comunistas ¡Proletarios de todos los países, uníos!