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PROGRESO DESTRUCTIVO: MARX, ENGELS Y LA ECOLOGÍA

Dejamos para su reflexión este artículo de Michael Lowy que nos parece muy pertinente en momentos que se quiere inocular como necesario el consumismo, otorgar licencias ambientales para aplicar la fractura hidráulica (fracking), aumentar la deforestación, el hambre y la concentración de la tierra. ¿En qué medida el pensamiento de Marx y Engels es compatible con la ecología moderna? ¿Puede concebirse una lectura ecológica de Marx? ¿Cuáles son las adquisiciones del marxismo indispensables para la constitución de un ecosocialismo a la altura de los desafíos del siglo de XXI? ¿Y qué concepciones de Marx requieren una "revisión" según estos requisitos? Las notas breves que siguen no tienen la ambición de contestar estas preguntas, sino sólamente de poner algunas orientaciones para el debate.

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Michael Lowy*

 

Mi punto de arranque es la observación de que a) los temas ecológicos no tienen un lugar central en el aparato teórico marxista, b) los escritos de Marx y Engels sobre las relaciones entre las sociedades humanas y la naturaleza están lejanas ser unívocas y puede ser, por consiguiente, el objeto de interpretaciones diferentes. De estas premisas, intentaré poner en evidencia las tensiones o contradicciones en los textos de los fundadores del materialismo histórico, mientras subrayo, sin embargo, las pistas que dan para una ecología de inspiración marxista.

¿Cuáles son las principales críticas de los ambientalistas al pensamiento de Marx y Engels? En primer lugar, se le describe como partidario de un humanismo conquistador, prometeico, que opone al hombre con la naturaleza, y hace de él «el amo y Señor del mundo natural». Es verdad que se encuentran en su pensamiento muchas referencias al "control", a la "subordinación" o al mismo "dominio" de la naturaleza. Por ejemplo, según Engels, en el socialismo, los seres humanos "por primera vez serán los amos reales y conscientes de la naturaleza, como amos de su propia vida en sociedad". (1) Sin embargo, como veremos bajo los términos de "subordinación" o "dominio" de la naturaleza a menudo Marx y Engels simplemente se refieren al conocimiento de las leyes de la naturaleza.

Por otro lado, lo que pega desde los primeros escritos de Marx es su anunciado naturalismo,su visión del ser humano como ser natural, inseparable de su ambiente natural. La naturaleza, escribe Marx en los Manuscritos de 1844, es "el cuerpo no-orgánico del hombre". O de nuevo: "Decir que la vida física e intelectual del hombre está indisolublemente ligada a la naturaleza no significa otra cosa que la naturaleza está ligada indisolublemente a ella misma, porque el hombre es parte de la naturaleza". Ciertamente, Marx se reclama humanista, pero él define al comunismo como un humanismo que es, al mismo tiempo, un "naturalismo activo"; y sobre todo, él lo concibe como la verdadera solución "del antagonismo entre el hombre y la naturaleza". Gracias a la abolición positiva de la propiedad privada, la sociedad humana se volverá "la realización de la unidad esencial del hombre con la naturaleza, la verdadera resurrección de la naturaleza, el naturalismo realizado y el humanismo realizado de la naturaleza". (2)

Estos pasajes no se ocupan directamente del problema ecológico -y de las amenazas sobre el ambiente- pero la la lógica de este naturalismo permite un acercamiento de la relación hombres/naturaleza que no sea unilateral. En un texto célebre de Engels sobre El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre (1876), este mismo tipo de naturalismo sirve como fundamento a una crítica de la actividad depredadora humana sobre el ambiente:"No debemos presumir demasiado nuestras victorias humanas sobre la naturaleza. Por cada uno de estas victorias, la naturaleza toma venganza sobre nosotros. Es verdad que cada victoria dada, tenemos en primera instancia, los resultados esperados, pero en segunda o tercera instancia son efectos diferentes, inesperados, que anulan demasiado a menudo los primero. La gente que, en Mesopotamia, Grecia, Asia Menor y en otras partes, destruyeron los bosques para conseguir tierras cultivables, nunca imaginó que mientras los eliminaban, acababan con los centros de colección y depósitos de humedad, poniendo las bases para el estado desolado actual de esos países. Cuando los italianos de los Alpes cortaron los bosques de pinos de la parte sur, tan queridos por la parte del norte, no tenían la menor idea de que mientras actuaban así cortaron las raíces de la industria lechera de su región; y menos aún preveían que se privaron de ese modo de las fuentes de agua para la mayor parte del año (...). Los hechos nos recuerdan a cada paso que no reinamos sobre la naturaleza como un conquistador reina sobre un pueblo extranjero, como alguien que está fuera de la naturaleza, sino que nosotros pertenecemos a ella con nuestra carne, nuestra sangre, nuestro cerebro, que nosotros estamos en su seno y que todo nuestro dominio en ella reside en la ventaja que tenemos sobre el conjunto de las otras criaturas es la de conocer sus leyes y poder servirnos de ellas juiciosamente." (3)

Ciertamente, este ejemplo tiene un carácter muy general -no pone en cuestión el modo de producción capitalista sino las civilizaciones antiguas- sin embargo no constituye menos un argumento ecológico de una modernidad sorprendente, ya que tanto pone en guardia contra las destrucciones generadas por la producción como critica a la deforestación. Según los activistas ecológicos, Marx, siguiendo a Ricardo, asigna el origen de todo valor y toda riqueza al trabajo humano y desatiende la contribución de la naturaleza. Esta crítica resulta, en mi opinión, un malentendido: Marx utiliza la teoría del valor-trabajo para explicar el origen del valor de cambio, en el cuadro del sistema capitalista.

La naturaleza, por otro lado, participa en la formación de verdadera riqueza que no son los valores de cambio sino los valores de uso. Esta tesis está muy explícitamente adelantada por Marx en la Crítica del Programa de Gotha contra las ideas de Lassalle y sus discípulos: "El trabajo no es la fuente de toda la riqueza. La naturaleza es toda la fuente, tanto de valores del uso (¡que son, igualmente todos, la riqueza real!) como del trabajo, que no es más que la expresión de una fuerza natural, la fuerza de trabajo del hombre". (4)

Los ecologista acusan a Marx y Engels de productivismo. ¿Se justifica esta imputación? No, en la medida que nadie denunció tanto como Marx la lógica capitalista de producción para la producción, la acumulación del capital, de fortunas y de mercancías como un bien en sí mismo. La  misma idea de socialismo -al contrario de su miserable caricatura burocrática- es el de una producción de valores del uso, de bienes necesarios para la satisfacción de necesidades humanas. El objetivo supremo del progreso técnico para Marx no es el crecimiento infinito de bienes ("el tener"l) sino la reducción de la jornada de trabajo, y el crecimiento del tiempo libre ("el ser"). (5)

Sin embargo, es verdad que se descubre a menudo en Marx o Engels (y todavía más en el marxismo ulterior) una postura poco crítica hacia el sistema de producción industrial creado por el capital y una tendencia a hacer del "desarrollo de las fuerzas productivas" el vector principal del progreso. El "texto" canónico de este punto de vista es el famoso Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859), uno de los escritos de Marx más marcado por un cierto evolucionismo, por la filosofía del progreso, por el cientificismo (el modelo de las ciencias de la naturaleza) y por una visión nada el problematizada de las fuerzas productivas:"A un cierto estadio de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes (...). De las formas de desarrollo de las fuerzas productivas, esas relaciones se vuelven estorbos. Se abra así un tiempo de la revolución social. (...) Una formación social nunca desaparece antes de desarrollar todas las fuerzas productivas que encierra dentro de sí (...)." (6)

En este famoso pasaje, las fuerzas productivas aparecen como "neutras", y la revolución no tiene por tarea abolir las relaciones de producción que se han vuelto un "estorbo" a un desarrollo ilimitado de éstas. El pasaje siguiente de los Grundrisses es un ejemplo bueno de la admiración poco crítico de Marx para el trabajo "civilizador " de la producción sistema, y para su instrumentalización brutal de la naturaleza: "Así, por consiguiente, la producción fundada en el capital crea por un lado la industria universal, es decir, el sobre-trabajo al mismo tiempo que el trabajo creador de valores; por otro lado, un sistema de explotación general de la apropiación de la naturaleza y del hombre (...) El capital empieza por consiguiente a crear la sociedad burguesa y la apropiación universal de la naturaleza y establece una red que engloba a todos los miembros de la sociedad: tal es la gran acción civilizadora del capital. "Se eleva a un nivel social tal que todas las sociedades anteriores aparecen como desarrollos meramente locales de la humanidad y como una idolatría de la naturaleza. De hecho la naturaleza se vuelve un puro objeto para el hombre, una cosa útil. No se le reconoce ya como una fuerza. La inteligencia teórica de la ley natural tiene todos los aspectos de la artimaña que intenta someter la naturaleza a las necesidades humanas, sea como objeto de consumo, sea como medio de producción". (7)

 Parece extraño a Marx y Engels una noción general de los límites naturales del desarrollo de las fuerzas productivas. (8) Se encuentra aquí o allá, como por ejemplo en este pasaje de La ideología alemana la intuición el intutition del potencial destructivo de ellas: "En el desarrollo de las fuerzas productivas, se llega a un estadio donde nacen las fuerzas productivas y los medios de circulación que ya no puede ser más que nefastos en el cuadro de relaciones existentes que no son más fuerzas productivas, sino fuerzas destructivas (la mecanización y el dinero)." (9)

Desgraciadamente, esta idea no es desarrollada por los dos autores, y no es seguro que la destrucción dpuesta en cuestión aquí sean también de la naturaleza. Por otro lado, en ciertos pasajes que conciernen a la agricultura, se esboza una verdadera problemática ecológica, y una crítica radical a los desastres que resultan del productivismo capitalista. Lo que se descubre es estos textos es una suerte de teoría de la ruptura del metabolismo entre las sociedades humanas y la naturaleza, como resultado del productivismo capitalista. (10) El punto de partida de Marx son los trabajos del químico y agrónomo alemán German Liebig el cual "tiene uno de los méritos inmortales... por haber hecho notar ampliamente el lado negativo de la agricultura moderna desde el punto de vista científico." (11) La expresión de Riss del Stofwechselses, ruptura o rasgadura del metabolismo -o de los intercambios materiales- aparece principalmente en un pasaje del capítulo 47, "Génesis del sistema capitalista", en el libro III de El Capital:

"De una parte, los grandes propietarios financieros reducen la población agrícola a un mínimo en declive constante, de otra, ello se opone una población industrial en crecimiento, apilada en las grandes ciudades: crea en consecuencia las condiciones que provocan una ruptura irreparable (unheilbaren de Riss) en la conexión del metabolismo (Stoffwechsel) social, un metabolismo prescrito por las leyes naturales de la vida; de ello resklta el agotamiento de la tierra (verschleudert), gracias al comercio que va más allá de los límites de cada país. (Liebig). (…) "La gran industria y la gran agricultura industrializada actúan en común. Mientras en su origen se distinguieron en eso, que la primera agotaba (verwüstet) y arruinaba la fuerza de trabajo y, por consiguiente, la fuerza natural de los seres humanos, mientras la segunda hacen los mismo directamente con la fuerza natural de la tierra en su desarrollo posterior uniendo sus esfuerzos, en la medida que el sistema industrial en el campo debilita al obrero mientras la industria y el comercio mantienen a los medios de la agricultura que agota a la tierra." (12)

Como en la mayor parte de los ejemplos que veremos después, la atención de Marx se concentra en la agricultura y el problema de la devastación de la tierra, pero conecta esta pregunta con un principio más general: la ruptura en el sistema de intercambio material (Stoffwechsel) entre las sociedades humanas y el ambiente, en contradicción con "las leyes natural de vida". Es interesante también notar dos sugerencias importantes, aunque poco desarrolladas por Marx: la cooperación entre la industria y la agricultura en este proceso de ruptura, y la extensión del daño, gracias al comercio internacional, a una escala global. El tema de la ruptura del metabolismo se descubre también en un pasaje conocido del libro I de El Capital: la conclusión del capítulo sobre la gran industria y la agricultura. Es uno de los raros textos de Marx donde él explicita la cuestión de las devastaciones provocadas por el capital en el ambiente natural -así como una visión dialéctica de las contradicciones del "progreso" inducido por las fuerzas productivas:

"La producción capitalista... destruye no sólo la salud física del obrero urbano y la vida espiritul del trabajador rural, sino que vuelve un problema la intercambio material (Stoffwechsel) entre el hombre y la tierra, así como la eterna condición natural de la fertilidad duradera (dauernder) de la tierra, haciendo más difícil la restitución de la tierra porque los ingredientes que requiere le son quitados y usados bajo la forma de alimentos, de ropa, etc. Al transtornar las condiciones en que este intercambio se ajusta espontáneamente, esta circulación se ve obligada a restablecer de una manera sistemática, bajo una forma adecuada al desarrollo humano integral y como ley reguladora de la producción social. (...) Por otro lado, cada progreso de la agricultura capitalista no sólo es un progreso en el arte de explotar al trabajador, sino también en el arte de despojar a la tierra; cada progreso en el arte para aumentar fertilidad de ella por un tiempo, es un progreso en la ruina de sus fuentes duraderas de fertilidad. Más un país, los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo, se desarrolla sobre la base de la gran industria, más este proceso de destrucción se hace realidad rápidamente. La producción capitalista desarrolla la técnica y la combinación de los proceso de producción social mientras va minando (untergräbt), al mismo tiempo, las dos fuentes de donde sale toda riqueza: la tierra y el trabajador". (13)

Varios aspectos son notables en este texto: en primer lugar, la idea de que el progreso puede ser destructivo, un "progreso" en la degradación y el deterioro del ambiente natural. El ejemplo escogido no es el mejor, y parece demasiado limitado -la pérdida de fertilidad de la tierra- pero no pone menos la cuestión más general del atentado al medio natural, a las "condiciones naturales eternas", por la producción sistema capitalista.

La explotación y la degradación de trabajadores y de la naturaleza son puesto aquí en paralelo, como resultado de la misma lógico depredadora, el de la gran industria y la agricultura capitalista. Es un tema que a menudo regresa en El Capital, por ejemplo en esos pasajes del capítulo sobre la jornada de trabajo: «la limitación del trabajao manufacturero ha sido dictada por la necesidad, por lamisma necesidad que derramó guano sobre los campos de Inglaterra. La misma avaricia ciega que agota tierra, atacó hasta sus raíces la fuerza vital de la nación. (...) En su pasión ciega y excesiva, en su glotonería de trabajo extraordinario, el capital no sólo pasa los límites morales, sino también el límite fisiológico extremo de la jornada de trabajo. (...) Y se atiene a su meta abreviando la vida del trabajador, lo mismo que del agricultur, ávido de obtener de su tierra un mayor rendimiento mientras su fertilidad se agota.» (14)

Esta asociación directa entre explotación del proletariado y la de la tierra, a pesar de sus límites, abre el campo de una reflexión sobre la articulación entre la lucha de clases y la lucha en defensa del ambiente, en una lucha común contra la dominación del capital. Estos textos diferentes ponen en evidencia la contradicción entre la lógica inmediata del capital y la posibilidad de una agricultura «racional» fundada en un temporalidad más largo y en una perspectiva duradera e intergeneracional que respete el ambiente: «Incluso de los químicos agrícolas bastante conservador como Johnston por ejemplo, reconocen que la propiedad privada es un límite intransitable para una agricultura verdaderamente racional. (...) Toda el espíritu de la producción capitalista, orientada hacia la ganancia monetaria inmediata, está en contradicción con la  agricultura que debe tomar en cuenta el conjunto permanentemente (ständigen) de las condiciones de vida de la cadena de generaciones humanas. Un ejemplo llamativo son los bosques, que se manejan hasta cierto punto de acuerdo con el interés general allí donde no están sometidos a la propiedad privada por la gestión estatal. » (15)

Después del agotamiento de la tierra, el otro ejemplo de desastre ecológica sugerido por los textos de Marx y Engels citados aquí es el de la destrucción de los bosques. Aparece a menudo en El Capital: "el desarrollo de la civilización y de la industria en general (...) siempre se muestra tan activa en la devastación de los bosques que todo lo que pueda emprenderse para su conservación y producción es completamente pequeña en comparación". (16) Los dos fenómenos señalados -el deterioro de los bosques y de la tierra- además se liga estrechamente en sus análisis. En un pasaje de la Dialéctica de la Naturaleza, Engels menciona la destrucción de bosques cubanos por los grandes productores de café españoles y la resultante desertización de tierras como ejemplos de la actitud inmediata y depredadora la naturaleza del «actual modo de producción» y de su indiferencia por «los efectos naturales» dañinos de sus acciones a largo plazo. (17)

El problema de la contaminación del ambiente no está ausente de sus preocupaciones, pero se aborda casi exclusivamente bajo el ángulo de la insalubridad de los distritos obreros de las grandes ciudades inglesas. El ejemplo más llamativo son las páginas de La condición de la clase obrera inglesa en donde Engels describe con horror e indignación la acumulación de deshechos y residuos industriales en calles y arroyos, el dióxido de carbono que reemplaza al oxígeno y envenena la atmósfera, las exhalaciones de ríos contaminados, etc. (18) Implícitamente, estos pasajes, y otros análogos ponen en cuestión la polución del ambiente por la actividad industrial capitalista, pero el cuestionamiento nunca se plantea directamente.

¿Cómo definen Marx y Engels al programa socialista en relación al ambiente natural? ¿Qué transformaciones del sistema productivo deben conocerse para hacerlo compatible con el resguardo de la naturaleza? Ellos parecen concebir a menudo la producción socialista simplemente como la apropiación colectiva de las fuerzas y medios de producción desarrollados por el capitalismo: una vez abolida la "traba" que representan las relaciones de producción, y en particular las relaciones de

propiedad, estas fuerzas podrán desarrollarse sin estorbos. Habría, entonces, una suerte de continuidad sustancial entre el aparato productivo capitalista y el socialista, ya que la posición socialista es sobre todo la gestión planeada y racional de esta civilización material creada por el capital. Por ejemplo, en la célebre conclusión del capítulo sobre la acumulación primitiva del cpital, Marx escribe: "El monopolio del capital se vuelve un estorbo para el modo de producción que creció yprosperó con él y bajo sus auspicios. La socialización del trabajo y la centralización de sus recursos materiales llegan a un punto donde no pueden contener su desarrollo capitalista ya. Este desarrollo estalla en pedazos. La hora de la propiedad capitalista ha sonado. (...) La producción capitalista engendra ella misma su propia negación con la fatalidad que preside sus metamorfosis la naturaleza". (19)

Además del determinismo fatalista y positivista, este pasaje parece dejar intacta, en la perspectiva socialista, el conjunto del modo de producción creado "bajo los auspicios" del capital, poniendo en cuestión aquello que "envuelve" a la propiedad privada, que se vuelve un "estorbo" para el desarrollo de los recursos materiales de la producción. La misma lógica "continuista" preside en ciertos pasajes del Anti-Dühring, donde la cuestión es la del socialismo como sinónimo de desarrollo ilimitado de fuerzas productivas: "Las fuerzas de expansión  de los medios de producción tiene que hacer saltar sus cadenas con las que el modo de producción capitalista las había aprisionados. La liberación de sus cadenas es la única condición requerido para un desarrollo de fuerzas productivas ininterrumpido y siempre progresando a un ritmos cada vez más rápidos, y por tanto, para un crecimiento sin límites de la producción." (20)

Por eso se dice que el problema del ambiente está ausente de esta concepción del pasaje al socialismo. Sin embargo, se encuentra también otros escritos que toman en cuenta la dimensión ecológica para el programa socialista y abren algunas pistas interesantes. Vimos ya que en los Manuscritos de 1844 se refiere al comunismo como "la verdadera solución del antagonismo entre el ser humano y la naturaleza". Y en el pasaje citado ya del volumen I de El Capital, Marx deja entender que las sociedades pre-capitalistas aseguran "espontáneamente" (naturwüchsig) el metabolismo (Stoffwechsel) entre los grupos humanos y la naturaleza; en el socialismo (la palabra no aparece directamente, pero se puede inferir por el contexto) debe restablecer de forma sistemática y racional, "como ley reguladora de la producción social." Es una pena que ni Marx ni Engelses desarrollaran esta intuición, fundada sobre la idea de que las comunidades pre-capitalistas vivieron espontáneamente en armonía con su hábitat natural, y que la tarea del socialismo es establecer esta armonía con nuevas bases. (21)

Algunos pasajes de Marx parecen considerar la conservación del ambiente natural como una tarea fundamental del socialismo. Por ejemplo, el volumen III de El Capital opone a la lógica capitalista de la gran producción agrícola, fundada en la explotación y el agotamiento de las fuerzas de la tierra, otra lógica, de naturaleza socialista: "el tratamiento conscientemente racional de la tierra como propiedad comunal eterna, y como condición inalienable (unveräusserlichen) de la existencia y de la reproducción de la cadena de generaciones humanas sucesivas". Un razonamiento análogo se descubre algunas páginas más adelante: "Incluso una sociedad entera, una nación, en fin, todas las sociedades contemporáneas juntas, no son dueñas de la tierra. Ellos sólo la ocupan, los usufructuarios (Nutzniesser), y ellos deben, como bonis patres familias (el buen padre de familia), de dejar en buen estado a las generaciones futuras". (22)

En de otros términos: Marx parece aceptar "el Principio de Responsabilidad" estimado por Hans Jonas, la obligación de cada generación de respetar el ambiente -la condición de existencia para las generaciones humanas futuras. En algunos textos, el socialismo está asociado con la abolición de la separación entre la ciudad y el campo, y por consiguiente con la supresión de la polución industrial urbana: "Sólo por la fusión de la ciudad y el campo es que se puede eliminar la intoxicación actual del aire, el agua y la tierra; solo eso puede permitir a las masas, que hoy languidecen en las ciudades, que donde haya estiércol eso servirá para producir plantas, en lugar de producir enfermedades". (23) La formulación es malograda - ¡la cuestión se reduce a un problema del metabolismo del estiércol humano!- pero vuelve a plantear una cuestión esencial: ¿cómo poner fin al envenenamiento industrial del ambiente? La novela utópica del gran escritor marxista libertario William Morris, Noticias de Cualquier Parte (1890), es una tentativa fascinante de imaginar un nuevo mundo socialista, donde las grandes ciudades industriales habían cedido su lugar a un hábitat urbano/rural respetuoso del ambiente natural.

Finalmente, todavía en este mismo volumen III de El Capital, Marx ya no define al socialismo como el "dominio" o el control humano sobre la naturaleza, sino como el control de los intercambios materiales con la naturaleza: en la esfera de la producción material, "la única libertad posible es la regulación racional, por el ser humano socializado, por los productores asociados, de su metabolismo (Stoffwechsel) con la naturaleza, que ellos controlarán juntos en lugar de ser dominado por él (ihm) como por una fuerza ciega." (24) Esta idea volverá a ser tomada en cuenta, casi palabra por palabra, por Walter Benjamín, uno de los primeros marxistas del siglo veinte que volvió a plantear este tipo de preguntas: desde 1928, en su libro Sentido Único denunció la idea de la dominación de la naturaleza como "una bandera imperialista" y propuso una nueva concepción dela técnica como "el dominio de las relaciones entre la naturaleza y la humanidad". (25)

No sería difícil encontrar otros ejemplos de una real sensibilidad a la cuestión del ambiente natural de la actividad humana. Aunque falta en Marx y Engels una perspectiva ecológica de conjunto. Por otro lado, es imposible pensar una ecología crítica a la altura de los desafíos contemporáneos, sin tomar en cuenta la crítica marxista de la economía política, que pone en cuestión la lógica destructiva inducida por la acumulación ilimitada del capital. Una ecología que ignora o desprecia al marxismo y su crítica al fetichismo de la mercancía se condena a no ser más que un correctivo de los «excesos» del productivismo capitalista. Se podría concluir provisionalmente esta discusión con una sugerencia, que me parece pertinente, adelantada por Daniel Bensaïd en su reciente -y notable- trabajo sobre Marx: reconociendo que sería abusivo exonerar a Marx de las ilusiones "progresistas" o "prometeicas" de su tiempo, también lo es el presentarlo como un fanático de la industrialización, por eso nos propone un camino más fecundo: establecerse en las contradicciones de Marx y tomarlos en serio. La primera de estas contradicciones es, por supuesto, ese credo productivista de ciertos textos y la intuición de que el progreso puede ser la fuente de la destrucción irreversible del ambiente natural. (26)

La cuestión ecológica es, en mi opinión, el gran desafío para la renovación del pensamiento marxista en el umbral del siglo XXI. Ella exige de los marxistas una ruptura radical con la ideología del progreso lineal y con el paradigma tecnológico y económico de la civilización industrial moderna. Ciertamente, no se trata –y eso va de suyo- de poner en cuestión la necesidad del progreso científico y técnico, así como de la elevación de la productividad del trabajo: esas son condiciones fuera de controversia para dos objetivos esencial del socialismo: la satisfacción de las necesidades sociales y la reducción de la jornada de trabajo. El desafío es reorientar el progreso para volverlo compatible con la preservación del equilibrio ecológico del planeta. El talón de Aquiles del razonamiento de Marx y Engels era, en ciertos "textos" canónicos, una concepción acrítica de las fuerzas productivas capitalistas -es decir: del aparato técnico/productivo capitalista/industrial moderno- como si ellos fueran "neutras" y como si fuera suficiente para los revolucionarios socializarlas, reemplazar su apropiación privada por una apropiación colectiva, para beneficiar así alos trabajadores obreros y desarrollarlas de manera ilimitada.

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Pienso que sería necesario aplicar al aparato productivo formado por el capital el mismo razonamiento que Marx propuso, en La guerra civil en Francia de 1871, para el aparato del Estado: "La clase obrera no puede estar satisfecha con tomar tal cual la máquina del Estado y hacerla funcionar por su propia cuenta". (27) Mutatis mutando, los trabajadores no pueden estar satisfechos

con tomar tal cual la «máquina» capitalista productiva y hacerla funcionar por su propia cuenta: ellos deben transformarla radicalmente -el equivalente de eso que Marx llama en una carta a Kugelmann sobre la Comuna de París, «romper el aparato de Estado» burgués- en función decriterios socialistas y criterios ecológicos. Lo que no sólo implica el reemplazo de formas de energía destructivas por fuentes de energía renovables y no contaminantes, como la energía solar, sino también una transformación profunda del sistema productivo heredado del capitalismo, así como del sistema de transportes y del sistema del hábitat urbano. Para terminar, el ecosocialismo implica un radicalización de la ruptura con la civilización material capitalista. En esta perspectiva, el proyecto socialista apunta no sólo una nueva sociedad y a un nuevo modo de producción, sino también a un nuevo paradigma de civilización.

*Michäel Löwy: (São Paulo, Brasil, 1938). Es un sociólogo y filósofo marxista franco-brasileño. Actualmente es director de investigación emérito del CNRS y profesor de la EHESS de París. En 1970 publicó una de las obras más respetadas sobre el pensamiento del Che Guevara. En 2001 fue coautor del Manifiesto Ecosocialista Internacional. Es un gran especialista del hecho religioso y en particular, de lo que él mismo define como cristianismo de liberación ( teología de la liberación).

Notas

(1) F.Engels, Anti-Dühring, Paris, Ed. Sociales, 1950, p. 322

(2) K.Marx, Manuscrits de 1844. Economie politique et philosophie, Paris, Ed. Sociales, 1962 , pp.

62, 87, 89.

(3) F.Engels, La dialectique de la nature, Paris, Editions Sociales, 1968, pp. 180-181.

(4) K.Marx, Critique des Programme de Gotha et d’Erfurt, Paris, Ed. Sociales, 1950, p.18. Ver también Le Capital, Paris, Garnier/Flammarion, 1969, I, p. 47:“El trabajo no es entonces la única fuerza de valores de uso que él produce, de la riqueza material. Ël es padre y la tierra la madre, como dice William Petty”.

(5) Sobre la oposición entre “tener” y “ser”, ver Manuscrits de 1844 p. 103 : “Menos eres, menos manifistas tu vida, más posees, más tu vida alienada se acrecieta, más acumulas de tu ser alienado”. Sobre el tiempo libre como principal base del socialismo, ver Das Kapital, III, p. 828.

(6) K.Marx, Préface à la Contribution à la critique de l’économie politique, Paris, Ed. Sociales, 1977, p.3

(7) K.Marx, Fondements de la Critique de l’Economie Politique, Paris, Anthropos, 1967, pp. 366- 367.

(8) Para una discusión detallada de esta cuestión, véase el texto de Ted Benton del libro en francés,

del que se tomó este texto: J. M. Harribey & Michael Löwy ed., Capital contre nature, PUF, 2003

(9) K.Marx, L’Idéologie allemande, Paris, Ed. Sociales, p. 67-68.

(10) Retomo ese término, y el análisis que sigue, de la importante obra de John Foster Bellamy, Marx’s Ecology. Materialism and Nature, N.York, Monthly Review Press, 2001, pp. 155-167.

(11) K.Marx, Le Capital, trad. Joseph Roy, Paris, Editions Sociales, 1969, tome I, p.660.

(12) K.Marx, Das Kapital, III, Berlin, Dietz Verlag, 1960, Werke, Band 25, p. 821.

(13) K.Marx, Le Capital I, p. 363, revisada y corregida después del original alemán, Das Kapital I,

  1. 528-530..

(14) Marx, Le Capital, I, pp. 183-200.

(15) Marx, Das Kapital III, pp. 630-631.

(16) Das Kapital, II, p. 247.

(17) F.Engels, Dialectics of Nature, Moscou, Progress Publishers, 1964, p. 185.

(18) F.Engels, The Condition of the Working-Class in England (1844), en Marx, Engels, On Britain,

Moscow, Forein Language Publishing House, 1953, pp. 129-130.

(19) Marx, Le Capital, I, pp. 566-567.

(20) F.Engels, Anti-Dühring, p. 321.

(21) Este aspecto del texto se perdió en la traducción de El Capital por J.P. Lefebvre, citado en la traducción del artículo de Ted Benton, en la medida donde naturwüchsig -« spontané »- es traduicido por "origen simplemente natural".

(22) K.Marx, Das Kapital, III, p. 784, 820. La palabra "socialismo" no aparece en esos pasajes, pero

está implícito.

(23) F.Engels, Anti-Dühring, p. 335. Ver tambien el pasaje siguiente de La question du logement(Paris, Editions Sociales, 1957, p. 102) de Engels: «La supresión de la oposición entre la ciudad y el campo no es más una utopía que la supresión del antagonismo entre capitalistas y asalariados. (…) Nadie reclama con más fuerza que Liebig en sus obra sobre la química agrícola en demandar rimero y constantemente que el hombre devuelva a la tierra lo que él tomó de ella y demuestra que la sola existencia de las ciudades, principalmente de las grandes ciudades, ponen obstáculos araello.» Lo que sigue del argumento vuelve, una vez más, a «los estiércoles naturales» producidos por las grandes ciudades.

(24) Marx, Kapital III, p. 828. Ted Benton, qui semble avoir lu ce texte en traduction, se demande

si , en parlant de "contrôler ensemble", Marx se refère à la nature ou à l’échange avec elle. Le texte

allemand ne laisse pas de place au doute, puisqu’il s’agit du masculin (ihm) du métabolisme et non

du féminin de la nature...

(25) W.Benjamin, Sens Unique, Paris, Lettres Nouvelles - Maurice Nadeau, 1978, p. 243 .

(26) D.Bensaïd, Marx l’intempestif, Paris, Fayard, 1995, p.347.

(27) Marx, La guerre des classes en France 1971 en, Marx, Engels, Lénine, Sur la Commune, Moscou, Editions du Progrès, 1971, p. 56. Edición digital de la Fundación Andreu Nin, febrero 2008

Publicado en J. M. Harribey & Michael Löwy ed., Capital contre nature, PUF, 2003. Traducción:

Andrés Lund Medina

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En aquella ciudad todo era extraño, raro e incomprensible. Un sinnúmero de iglesias levantaban al cielo sus cúpulas lucientes y policromas, pero las paredes y las chimeneas de las fábricas eran más altas que los campanarios, y los templos se hallaban envueltos por el tumulto de los edificios industriales perdiendose entre los rectos muros de piedra, como flores fantisticas entre el polvo y la desolación de las ruinas.

Y cuando las campanas de Las iglesias llamaban a la oración, sus broncíneas voces, arrastrándose sobre el hierro de los techos, se perdian apagadas en las calles estrechas, tortuosas y los angostos laberintos de las casas.
Los edificios eran inmensos y algunos, muy pocos, bonitos; las gentes, deformes y mezquinas. De la mañana a la noche, los hombres, como corrientes grises, obscuras y opacas , marchaban agitados por las calles angostas y sucias de la ciudad y con ávidas miradas buscaban unos el pan, otros las diversiones, otros finalmente, parados en las bocacalles, espiaban ansiosos y hostiles el espectáculo de los débiles doblegandose resignados a la voluntad de los fuertes.

Fuertes eran llamados los ricos. Todos creian que sólo el dinero podia dar poder y libertad al hombre. Todos deseaban el poder, porque todos sufrian la esclavitud; el lujo de los ricos hacia nacer la envidia y el odio de los pobres, ninguno conocia música más agradable que el tintineo del oro, y como consecuencia, cada uno era enemigo del otro y la crueldad a todos los dominaba.

Por encima de la ciudad resplandecia alguna vez el sol, pero la vida era siempre tétrica y los hombres semejantes a las sombras. De noche encendian muchas y alegres luces, pero entonces por las calles aparecian mujeres hambrientas vendiendo sus caricias; por todas partes penetraba en la nariz el agudo olor a los manjares y en cualquier sitio se veian brilllar, silenciosos y ávidos, los tristes ojos de los hambrientos. Y por el espacio, lentamente, subia el lamento sofocado de una inmensa, de una tremenda infelicidad, a la que faltaban fuerzas para manifesfarse en alta voz.

Todos vivian fatigados y agitados; todos se sentian culpables; muy pocos estaban seguros de tener razón, pero estos pocos, rudos como bestias, eran los más crueles, los más implacables. . .
Todos querian vivir y ninguno sabia cómo; nadie podia seguir libremente las propias aspiraciones, y a cada paso hacia el porvenir se veia obligado involuntariamente volverse hacia el presente, el cual con manos fuertes y pesadas como las de un ávido monstruo, detenia al hombre en su camino y le envolvia en sus lúbricos abrazos.

El hombre, angustiado y perplejo, se detenia extenuado ante aquella faz fea y monstruosa de la vida. Esta, con sus mil ojos tristes, le miraba en el corazón implorando alguna cosa y entonces se debilitaban en el alma del hombre las imágenes distintas del porvenir, y su lamento de impotencia se perdia en del corazón discordante de los gemidos, de los gritos de todos los infelices, mártires de la vida.

Se notaba en todo momento el fastidio o la agitación o el miedo; y en torno a aquellas gentes, inmóvil, como una prisión, reflejando los vivos rayos del sol, estaba aquella ciudad melancólica y tenebrosa, aquellos grupos , regulares, desagradables, de piedras que rodeaban los templos.
La música de aquella vida no era más que un lamento de dolor, de odio y de colera, un apagado susurro de animosidad encubierta, un grito seco, desgarrador de crueldad, un rechinamiento voluptuoso de violencia.

En medio del triste y vano afanarse entre dolores y desventuras, en la confusa convulsión de la avidez y de la necesidad insatisfechas, en el fango del bajo egoismo, por los subterráneos de las casas, donde vivia aquella miseria que habia creado la riqueza de la ciudad, giraban invisibles soñadores, solitarios llenos de fe en la humanidad, aislados de todos; inquietos ,predicadores de rebelión, chispas sediciosas del lejano fuego de la verdad.

Llevaban consigo a los subterráneos, secretamente, pequeñas semillas, fructiferas siempre, de una doctrina simple, bella y elevada, austeramente, con una brillante luz en los ojos, o dulcemente y con amor, sembrada aquella verdad evidente y deslumbradora en los obscuros pechos de los hombres esclavos, transformados, por la fuerza de los avaros y por la voluntad de los crueles, en instrumentos ciegos y taciturnos de lucro.

Y estos hombres obscuros y esclavos, desconfiados, prestaban oído a la música de las nuevas palabras, música agradable que su corazón invocaba confusamente hacía ya mucho tiempo. Levantaban poco a poco la cabeza, e iban rompiendo las cadenas de las hábiles mentiras con que les tenia oprimidos la violencia de los potentados.
A su vida, llena de animosidad callada y reprimida; a sus corazones, envenenados por innumerables ofensas; a su conciencia, a aquella existencia dificil y triste, llena de amarguras, de humillaciones, de dolores, llegaba una palabra simple y serena :

i Compañero!. . .

La palabra no era nueva para ellos; la habian oido pronunciar alguna vez, pero hasta aquel momento habia tenido un significado vacio, sin calor de humanidad, como todas las palabras conocidas que se pueden olvidar sin sentimiento.
Pero aquella palabra, Clara y fuerte, tenia otro sonido, otra emoción, otra alma; se sentia en ella algo de rudo, de deslumbrador, de poliédrico, tal un brillante. La aceptaron y comenzaron a pronunciarla con cautela y meciéndola con dulzura en el corazón, acariciándola como una madre que arrulla y mece a su hijito en la cuna.

Cuando más profundamente penetraban en el alma serena de la palabra, tanto más serena, significativa y
clara se les aparecía.

-¡Compañero! -decian.

Sentian que esta palabra habia venido a unir a todo el mundo, para realzar a todos los hombres a la altura de la libertad, para ligarlos con nuevos vínculos: vínculos fuertes de estimación recíproca, de estimación y deseo por la libertad del hombre, por la redención.
Cuando esta palabra se grabó en el corazón de los esclavos, éstos empezaron a dejar de serlo, y un día anunciaron a la ciudad y a todas sus actividades otra gran palabra humana :

-¡No quiero!

Entonces la vida se detuvo, porque ellos, los esclavos, son la fuerza que le da movimiento. Se detuvo la corriente de agua, el fuego se apagaba, la ciudad cayó en las tinieblas y los aparentemente fuertes se sintileron niños.
El miedo se apoderó del alma de los violentos y se vieron en la necesidad de cubrir su animosidad contra los rebeldes, inciertos y aterrorizados ante su fuerza, que despertaba. El espectro horrible del hambre se Ilevantó ante ellos, y sus hijos lloraron.
Las casas y los templos, rodeados por las tinieblas, se confundieron en un caos de piedras y de hierro sin alma; un silencio siniestro llenó las calles; la vida se detuvo, porque la fuerza que la hacía desenvolverse se habia conocido a sí misma; el hombre esclavo había encontrado la palabra adecuada, mágica, invencible para expresar su voluntad; se habia libertado de la opresión y habia reconocido su fuerza, fuerza de creador.

Los dias eran dias de angustia para loss poderosos, para aquellos que se creían dueños de la vida. Cada noche valía por mil, tan espesas eran las tinieblas, tan mezquinamente brillaban las luces en la ciudad muerta. Esta ciudad, creada por los siglos, inmenso monstruo que bebía la sangre de los hombres, se presentó entonces ante ellos en su monstruosa nulidad como un mísero amasijo de piedras y de madera. Las ventanas de las casas, frías y tristes, permanecían cerradas, y por las calles caminaban atrevidamente los verdaderos dueños de la vida. También ellos tenían hambre, y más que los otros, pero estaban acostumbrados a ella; los sufrimientos del cuerpo no eran para ellos tan agudos como para los potentados ni apagaban el fuego de su alma. Ardía en ellos la conciencia de su propia fuerza y el presentimiento de la victoria brillaba en sus ojos.

Caminaban por las calles de la ciudad, de aquella prisión melancólica y angosta donde habían vivido despreciados, donde habían vivido ultrajados, y veían la inmensa importancia de su trabajo, el cual les hacia concebir el sagrado derecho que tenían de ser dueños de la vida, de ser sus creadores. Entonces, con energia nueva, con refulgente claridad, se les presentó la palabra capaz de vivificar y unificar:

-¡Compañero!

Resonó entre las mentidas palabras del presente como un anuncio dal porvenir, de una nueva vida abierta a todos igualmente.

-¿Cuándo?- se preguntaron, y comprendieron que esto dependía de su voluntad, porque ellos pueden aproximar la fecha de su libertad, como alejar su llegada.

La prostituta, hasta ayer bestia medio hambrienta, que esperaba con angustia en la obscura calleja la llegada de alguien que se le acercase y comprase sus forzosas caricias por unas cuantas monedas, también oyó aquella palabra, pero, sonriendo, turbada, no se decidía a repetirla. Un hombre de los que hasta entonces no se había encontrado jamás se le acercó, le puso una mano sobre el hombro y le dijo con tono fraternal:

-¡Compañera!

Y ella sonreía tímidamente para no prorrumpir en un llanto de alegría. Porque era la primera vez que su
corazón ultrajado sentía el gozo de una caricia tierna y plena de emoción. En sus ojos, que ayer miraban el mundo descaradamente con la expresión estúpida de un animal hambriento, brilllaron las lágrimas de una primera felicidad pura. Este gozo de la comunión de los abyectos con la gran familia de los trabajadores brillaba por doquiera en las callles de la ciudad, en tanto que, más fríos y más siniestros, lo observaban los túrbidos ojos desde las ventanas cerradas.
El mendigo, al que por alejarlo se le lanzaba una mísera moneda, precio de la compasión de los hartos, oyó también esta palabra, y le pareció la primera limosna capaz de suscitar algo de gratitud en su pobre corazón corroído por la miseria.

El cochero, joven rídiculo, a quien los señores golpeaban en la espalda para que transmitiese el golpe al caballo extenuado, este hombre golpeado tantas veces sobre el empedrado, dijo también al transeúnte, abriendo los labios a una sonrisa franca:

-¿Adónde te llevo, compañero?...

Dijo, aunque con miedo, tiró de las bridas, pronto a escapar, y se puso a mirar al transeúnte, no sabiendo disimular con el rostro, ancho y rojo, la sonrisa jovial y alegre.
El transeúnte le miró con ojos benévolos y respondió, inclinando la cabeza:
-¡Gracias, compañero! Puedo ir a pie, no está lejos.
-¡Oh! iMadre Inmaculada!... -exclamó el cochero reanimado; giró sobre su asiento silbando alegramente y partió riente, satisfecho.

Los hombres caminaban en grupos por las aceras, y entre ellos, como una chispa, se inflamaba cada vez con más frecuencia la gran palabra destinada a unir el mundo :

-¡Compañero!...

Un polizonte de espesos bigotes, pensativo, se acercó con aire de importancia a la multitud que en la esquina de una calle rodeaba a un viejo orador, y después de haber escuchado largo rato su discurso, dijo cohibido, lentamente:
-Están prohibidas 1as reuniones... Separaos..., señores...

Y después de un momento de silencio, miró al suelo y añadió en voz baja:

-¡Compañeros!...

En los rostros de aquellos que llevaban esta palabra en el corazón, que le habían dado carne y sangre y emoción y su alto significado de llamada a la unión , brillaba el sentimiento de orgullo de los jovenes creadores, y se observaba que la fuerza que ellos ponian en esta palabra no podia ser destruida jamás.

Ya se reunian contra ellos turbas grises y ciegas de hombres animados que formaban silenciosas filas regulares; la enemiga de los violentos se preparaba a rechazar las ondas de la justicia.
Y en las calles estrechas, angostas y tortuosas de la inmensa ciudad, entre los muros fríos y silenciosos, erigidos por la mano de creadores desconocidos, crecia cada vez más y se maduraba la gran fe de los hombres en la fraternidad de todos con todos:
-iCompañeros!
Acá y allá se encendía un pequefio fuego llamado a ser una llama que abrasara la tierra con el vívido y férvido sentimiento de la fraternidad de todas las gentes.
Abrasará a toda la tierra y quemará y reducirá a cenizas el oldio y la crueldad que nos deforman: abrasará a todos los corazones y los fundirá en uno solo: el corazón los hombres justos y nobles en una familia indisoluble, libre y trabajadora.

En las calles de la ciudad muerta, creada por esclavos; en aquellas calles donde reinaba la crueldad, nació y creció la fe en el hombre, en su victoria sobre sí mismo y sobre los males del mundo.
Y en el caos confuso de la vida agitada y privada de alegrías, como estrella luminosa, como faro del porvenir, brilló la palabra simple, sencilla, profunda, como el corazón :
-iCompañero!. . .

 

Ranpal, "porque la palabra es vida y salud".

Colombia 27 de agosto 2018.

 

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Conmemoración del 170 aniversario de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista

Segundo Artículo

Por: Efraín Pabón

El manifiesto del partido comunista permitió pasar de la lucha clandestina a la lucha abierta por el poder político y social; puso de presente el papel de la lucha de clases en la historia; y su análisis está basado en el concepto de formación social. Estos, a grandes rasgos, fueron los aspectos abordados en nuestro artículo anterior. Tal como quedó planteado, caracterizaremos cada uno de los capítulos de esta obra, sin embargo, en nuestro primer artículo no abordamos todos los aspectos referidos en el primer capítulo, por lo cual vamos a continuar donde quedó nuestra presentación.

En BURGUESES Y PROLETARIOS, Marx y Engels muestran que cada una de estas clases no surgieron espontáneamente, sino que son un producto de las relaciones sociales que se fueron configurando a lo largo de la historia, y como vimos, la historia no es otra cosa que el proceso mediante el cual una determinada sociedad produce su existencia. En otras palabras, las clases sociales son un producto histórico. Pertenecer a una clase es producto del modo de vida, de la cultura, y de la relación que se tenga con los medios de producción. Estos tres aspectos que definen a una clase social, no son los únicos, sino que de ellos se deriva la ideología de la clase, los valores, la concepción de mundo, la posición política, entre los más destacados.

En este artículo vamos a enfatizar algunas ideas que consideramos importantes, que presentan Marx y Engels en este primer capítulo del manifiesto, referidos a la lucha de clases, a la contradicción histórica que da origen a dicha lucha de clases, y a la necesidad de asumir, como práctica de vida, el proceso de transformación radical de las relaciones sociales, como única vía de resolver dicho conflicto histórico.

El propósito de destruir una sociedad y construir una nueva, según la perspectiva de análisis que nos plantea el marxismo, implica, no solo la lucha por el control de los medios de producción, que hoy están en manos de los capitalistas, de los burgueses, sino también crear una nueva cultura, una nueva ideología, unos nuevos valores, una concepción de mundo acorde al proceso de transformación, una postura política en coherencia con dicho proceso de cambio. Todo esto está planteado en el manifiesto, pero hay que considerar que no les fue posible a Marx y Engels, detenerse a explicitar ampliamente cada uno de estos aspectos, en razón de los objetivos de la obra y de la brevedad de la misma.

Con el tiempo transcurrido desde la publicación del manifiesto, y con el desarrollo de la sociedad, es decir, de la ciencia, la tecnología, de la educación, de las comunicaciones, de la cultura, etc., hoy tenemos mayores elementos para comprender de qué se trata un proceso de cambio social. La sociedad comunista, la sociedad basada en la propiedad común de los medios de producción, se plantea como distinta, como alternativa, y por ello como nueva sociedad, si logra transformar coordinada y coherentemente las relaciones sociales, a las instituciones sociales creadas para legitimar y viabilizar dichas relaciones sociales, los valores, los imaginarios, y fundamentalmente a las mujeres y los hombres vinculados a estas relaciones sociales.

Para ejemplificar brevemente esto dicho, tengamos presente que el objetivo del manifiesto del partido comunista fue hacer pública la ideología y el proyecto político de los comunistas. El marxismo en este sentido es una demostración de que todo proceso de cambio, de transformación, requiere que la idea misma de la necesidad del cambio, de la transformación, se revele como una idea necesaria.

Haciendo la crítica de la clase de los burgueses, Marx y Engels destacan que esta clase, revolucionando las fuerzas productivas, lograron igualmente transformar todas las formas idealizadas de las relaciones entre los siervos y sus patrones, es decir, despojaron de su aura de respeto y de venerabilidad a todas las profesiones del pasado, al convertirse todas ellas en una más de las mercancías de la sociedad capitalista. En este caso, no solo se transformaron las relaciones sociales de producción, sino que a la par de este proceso, se transformaron las ideas, los valores, las distintas formas de concebir y de relacionamiento social a partir de las profesiones. Vemos cómo un cambio en las relaciones sociales de producción deriva en un cambio correspondiente en el imaginario social, en las ideas y los valores sociales.

Con este breve ejemplo queremos resaltar que el manifiesto es, sin lugar a dudas, una exposición fundamentada de la necesidad de que la idea de la transformación social, se convierta en fuerza material, es decir, que sea una idea que encarne en las mayorías sociales que viven de vender fuerza de trabajo, a partir de la conciencia del carácter explotador de la sociedad capitalista, y por ello la necesidad de transformar dicha sociedad. Pero, ¿las ideas de cambio social surgen espontáneamente? ¿solo a mujeres y hombres destacados se les ocurren dichas ideas?

Marx y Engels, en este primer capítulo del manifiesto, han hecho una exposición del proceso histórico de transformación de la vieja sociedad feudal, hasta convertirse en sociedad burguesa, y todo ello tuvo como elemento determinante, la transformación de las relaciones de producción. Haciendo una síntesis de este capítulo, diremos que la idea básica del marxismo acá es que en un momento dado de la historia social, las relaciones de producción, que siempre están en un proceso constante de desarrollo, de avance, de transformación, dejan de corresponder con el carácter de la propiedad en dicha sociedad.

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Las relaciones de producción burguesas, basadas en la explotación de la fuerza de trabajo entraron en contradicción con el carácter social de la propiedad en la sociedad feudal, por ello mismo se agudizó e intensificó la lucha de clases entre la burguesía y las clases más representativas de la sociedad feudal, la monarquía, la nobleza, los terratenientes, el clero, etc., y sobrevino entonces un momento de revolución social.

En palabras de Marx y Engels, las fuerzas productivas entran en contradicción con las relaciones de producción, o con su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en una determinada sociedad. Es por esto que las ideas de trasformación, de cambio, no surgen espontáneamente, además, no las conciben aisladamente algunas mujeres o algunos hombres destacados, sino que estas ideas tienen como sustrato material a las mismas relaciones sociales de producción.

Del conflicto social entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, se deriva en la conciencia de las mujeres y los hombres el carácter de dicho conflicto y la necesidad de resolverlo por la vía revolucionaria. Así, sobre este entendido, este primer capítulo del manifiesto, nos muestra cómo la burguesía transformó los cimientos de la sociedad feudal, transformando las relaciones de producción, y una vez lograron esto, concentrando en sus manos el poder económico, su nuevo propósito fue conquistar el poder político, triunfo que también obtuvieron hasta convertirse en la clase hegemónica de la sociedad. Desde este lugar hegemónico en los ámbitos económico y político, transformaron igualmente los valores, los imaginarios, la cultura, la ideología, la moral, etc., acorde a sus intereses de clase. Según expresión del manifiesto, la burguesía creó un mundo a su imagen y semejanza.

La burguesía, que empezó siendo una clase revolucionaria en el seno de la sociedad feudal, una vez conquistó el poder económico y político, se convirtió en clase reaccionaria, y por ello en un obstáculo para el mismo desarrollo de la sociedad.

La sociedad burguesa surge en la historia sobre la base de un conflicto, el conflicto existente entre las relaciones de producción, socializadas, masivas, y el carácter privado de la propiedad, por ello la única forma de resolver este conflicto es mediante la transformación radical del carácter social de la propiedad y de las relaciones de producción, para así  transformar radicalmente las demás formas de relación social en la sociedad burguesa.

Este proceso de cambio, que como expresa reiteradamente el marxismo es un cambio radical, es decir, no se trata solo de pequeñas reformas, de cambiar solo algunos aspectos de la sociedad, requiere que esta idea sea válida, como proyecto de vida, para la gran masa de población sometida al régimen de explotación laboral en el capitalismo, como lo expresamos previamente, pero las mujeres y los hombres son seres históricos, es decir, su concepción de mundo, su ideología, sus valores, se corresponden con el nivel de desarrollo de la sociedad en la cual viven, y en este caso, la sociedad burguesa, es decir, la sociedad en que impera la hegemonía burguesa, ha moldeado el modo de vida de los miembros de la sociedad de manera genérica, haciéndolos proclives al mantenimiento de su status social y a la defensa de sus intereses.

Este es un primer obstáculo que ha de vencer todo proyecto revolucionario, el obstáculo de la enajenación ideológica, es decir, la influencia que tienen las ideas, los valores, la moral, etc., de la clase que domina y explota, sobre las demás clases. Es por ello que el manifiesto del partido comunista es una obra invaluable en la historia política mundial, porque es un instrumento de lucha ideológica y política de los proletarios, y es igualmente una demostración histórica que la revolución ha emergido como expresión de la necesidad social del cambio, y que dicha revolución anida en la clase que la historia ha definido para adelantarla.

El proletariado, a partir del manifiesto, debe convertirse en fuerza material de la revolución, basado en la unidad de la clase, en su organización, en el afianzamiento de su ideología, y en la fuerza que da un horizonte estratégico de su lucha, es decir, un proyecto de cambio social, por ello la lucha del pueblo, la lucha de los distintos sectores sociales hoy sometidos al régimen de explotación económica y al régimen de dominación política en el mundo entero, debe superar la fragmentación de las luchas reivindicativas de estos sectores, y asumir coherentemente la unificación de todas las luchas, en una única lucha para destruir al modelo social capitalista que está en contra de la vida misma.

Es por ello que sigue resonando atronadoramente en nuestra conciencia el llamado de los comunistas ¡Proletarios de todos los países, uníos!

 

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“El Capitalismo tiende a destruir sus principales fuentes de ganancia La Naturaleza y los Seres Humanos”
Carlos Marx


Por: Rubén Vásquez  

El pasado  5 de Mayo se cumplieron 200 años del natalicio de Carlos Marx. Sin duda alguna uno de los personajes más trascendentales en la lucha de los pueblos contra el Capitalismo.  La vigencia de su pensamiento y su método de  estudio y análisis para la comprensión de la realidad y transformarla, siguen presentes en el quehacer cotidiano de quienes creemos en la necesidad de construir ese otro mundo posible.
 
Sus estudios críticos sobre la economía capitalista son, hasta nuestros días, una gran contribución a la historia de la civilización en el afán por superarla, como modelo de desarrollo económico-social de la humanidad.  El Capital ha sido un texto consultado por los sujetos y actores protagónicos de la lucha por la emancipación social y la redención de nuestros pueblos.
 
Los escritos filosóficos basados en una concepción materialista combaten las visiones idealistas y los enfoques metafísicos  de la historia;  sus ideas entroncan en la realidad latinoamericana con  la perspectiva de construcción del pensamiento propio, asumidas  en su esencia y guía, mas no como dogma si no como desarrollo creador  en la búsqueda de las  transformaciones políticas, económicas y sociales  que garanticen  la felicidad, la vida plena y la Libertad de los pueblos.
 
La reafirmación política de nuestro SER ELENO  tiene que ver con comprender al marxismo-leninismo como fundamento  ideológico y base de nuestra practica social, como guía para la acción revolucionaria aplicada creadoramente a nuestra realidad como organización y país, articulado lo más desarrollado del pensamiento revolucionario.    
 
Hablar de Marx es hablar de la defensa permanente  de las ideas y principios fundamentales para construir la Nueva Sociedad: Mariátegui, Mella, El Che y Fidel, entre otros grandes héroes de nuestra historia liberadora que supieron a ciencia cierta interpretar el método y fundirlo con nuestra realidad y acción transformadora.
 
Releer a Marx en nuestros tiempos tiene que ver con la premisa de que se trata no solo de  “interpretar el mundo sino acelerar su transformación”.
 
Así como lo afirmara el Che en su momento: “La integración entre cristianos y Marxistas está en buena medida el futuro invencible de la Revolución Latinoamericana”. De esta premisa partimos para destacar el aporte que el marxismo ha hecho a la lucha del pueblo colombiano y latinoamericano en el contexto de la lucha de clases.
 
El Comandante Camilo Torres Restrepo propuso el dialogo entre marxistas y cristianos, convencido profundamente que en los cambios revolucionarios se podía participar desde la fe y las convicciones cristianas.  
 
La Teología de la Liberación, corriente cristiana de pensamiento revolucionario liderada entre otros por el comandante Camilo Torres Restrepo,  teólogos de Perú,  Brasil, Argentina y otros pueblos del Continente que asumieron la opción  por los pobres y la  fe cristiana articulada a la lucha por la liberación  económica, política, social e ideológica. Esta corriente rescata la dignidad del hombre y ha hecho trascendentales  aportes a los procesos  liberadores en Latinoamérica especialmente en México, Nicaragua, El Salvador y Colombia.  
 
Reafirmamos a Marx y la vigencia de su pensamiento también como una visión sobre el mundo desde la vida y las esperanzas y aspiraciones de los oprimidos y explotados del mundo.  Nuestra apuesta siempre estará al lado de los humildes enmarcados en un proyecto de vida y humanidad donde la equidad y justicia social emerjan desde el equilibrio y preservación de la especie humana, la naturaleza y el planeta.
 
Nuestras luchas hoy con el antecedente histórico social del movimiento obrero, sindical, campesino y estudiantil son las semillas que han de parir la Patria Nueva.
 
Seguimos con la tarea de ser Marxistas en el pensamiento y tomamos de él la guía para la acción política transformadora del mundo, desde la lucha de clases, a través del combate por la revolución colombiana y nuestramericana.
 
Marx vivirá a lo largo de los siglos, y con su nombre, su obra.

Fte: RPI #411.

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LA ACTUALIDAD DE LA REVOLUCIÓN

Capitulo 1.

El materialismo histórico es la teoría de la revolución proletaria. Y lo es porque su esencia es la síntesis conceptual de ese ser social al que se debe la producción del proletariado y que determina el ser entero delmismo; lo es porque el Proletariado que lucha por su liberación encuentra en él su más clara autoconciencia.

La grandeza de un pensador proletario, de un representante del materialismo histórico, se mide, en consecuencia, por la amplitud y profundidad de su penetración en estos problemas. Se mide, así mismo, por la intensidad con que es capaz de percibir adecuadamente, más allá de los fenómenos de la sociedad burguesa, esas tendencias de la revolución proletaria que en ellos y por medio de ellos van elaborándose hasta adquirir un ser eficaz y una clara conciencia. De acuerdo con este
criterio, Lenin es, sin duda, el pensador más grande que, desde Marx,ha producido el movimiento obrero revolucionario.

Los oportunistas, ya que no pueden ocultar o simplemente trivializar su importancia ante el mundo, tienen a bien decir que Lenin ha sido un gran político ruso, pero que para llegar a líder del proletariado mundial le ha faltado el necesario conocimiento de la diferencia existente entre Rusia y los países capitalistas avanzado; que ha hecho extensibles de
manera nada crítica -y ésta habría de ser su gran limitación desde una perspectiva histórica- los problemas y soluciones de la realidad rusa a la generalidad, intentando su aplicación al mundo entero. Olvidan -y es algo que hoy se olvida con razón- que este mismo reproche le fue hecho a Marx en su tiempo. Se decía que Marx había convertido, de manera nada crítica, sus observaciones en torno a la vida económica inglesa y a las fábricas inglesas en leyes generales de la evolución social; las observaciones podían ser, en cuanto a tales, de lo más justas, sin embargo, como leyes generales, no podían menos de
resultar necesariamente falsas.


Actualmente no es ya en modo alguno necesario refutar detenidamente este error, ni ponerse a evidenciar que Marx, en realidad, jamás "generalizó" experiencias aisladas, limitadas en el tiempo y en el espacio. Marx vislumbró, por el contrario, tanto histórica como teóricamente -y de acuerdo con el método de trabajo de los auténticos genios históricos y políticos- en el macrocosmos de la fábrica inglesa, en sus supuestos básicos, condiciones y consecuencias de orden social, en 
las tendencias históricas conducentes a su surgimiento y en las que hacían problemática su existencia el macrocosmos del capitalismo en la totalidad de sus dimensiones. Porque esto es, precisamente, lo que distingue al genio del simple
rutinario en la ciencia o en la política. A este último sólo le es dado comprender y distinguir los momentos del proceso social en sus datos inmediatos, aislados unos de otros. Y si pretende remontarse a conclusiones generales no hace, en definitiva, sino interpretar -de manera totalmente abstracta- ciertos aspectos de un fenómeno limitado en el espacio y en el tiempo como "leyes generales", aplicándolas como tales. El genio, por el contrario, que penetra en la verdadera esencia de una época, en su verdadera tendencia primordial, viva y efectiva, percibe más allá del conjunto de los acontecimientos de su tiempo la vigencia, precisamente, de esta misma tendencia, de tal modo que aun cuando su intención no sea otra que hablar de los problemas del día tan sólo, está en realidad ocupándose de los problemas decisivos.


Hoy sabemos que la grandeza de Marx estriba, precisamente, en esto. A partir de la estructura de la fábrica inglesa captó e interpretó todas las tendencias decisivas del capitalismo moderno. Tuvo siempre ante los ojos la totalidad del desarrollo capitalista. He ahí por qué pudo vislumbrar a un tiempo en todos y cada uno de sus fenómenos la totalidad del proceso, y en su estructura, el movimiento del mismo. Pero pocos son hoy los que saben que Lenin ha conseguido respecto de
nuestro tiempo lo mismo que Marx llegó a conseguir respecto de la evolución general del capitalismo. En los problemas de la evolución de la Rusia moderna -desde los problemas del surgimiento del capitalismo en el marco de un absolutismo semifeudal, hasta los de la realización del socialismo en un país rural atrasado- ha vislumbrado Lenin en todo momento los problemas de la época entera: la entrada en la última fase del capitalismo y las posibilidades de orientar la lucha decisiva,
convertida ya en inevitable entre burguesía y proletariado a favor de éste, para la salvación de la humanidad. Lenin jamás generalizó -de igual modo a como tampoco lo hizo Marxexperiencias locales privativas de Rusia, limitadas en el tiempo o en el espacio. Con la mirada del genio supo percibir, por el contrario, en el lugar y en el momento de sus primeros efectos, el problema fundamental de nuestra época: la inminencia de la revolución. Y todos los fenómenos, tanto rusos como internacionales, los comprendió e hizo inteligibles a partir de esta perspectiva, la perspectiva de la actualidad de la revolución.


La actualidad de la revolución: he ahí el pensamiento fundamental de Lenin y el punto, al mismo tiempo, que de manera decisiva le vincula a Marx. Porque el materialismo histórico, en tanto que expresión conceptual de la lucha del proletariado por su liberación, no podía ser captado y formulado teóricamente sino en el momento histórico en que por su actualidad práctica había accedido al primer plano de la historia. En un momento en el que, por citar las palabras mismas de Marx, en la miseria del proletariado no se muestra únicamente la miseria en cuanto a tal, sino su aspecto revolucionario "llamado a derrocar la vieja sociedad". Por supuesto que también entonces era necesaria la mirada imperturbable del genio para vislumbrar la actualidad de la revolución proletaria. Porque al hombre medio la revolución proletaria sólo le
resulta visible cuando las masas obreras se encuentran ya luchando en las barricadas. Y si este hombre medio ha recibido una formación marxista vulgar, ni siquiera entonces. Porque a los ojos del marxista vulgar los fundamentos de la sociedad burguesa son tan inamovibles, que aun en los momentos de su conmoción más evidente no desea otra
cosa que el regreso de la situación "normal" no viendo en sus crisis sino episodios pasajeros y considerando la lucha, incluso en tales períodos, como la nada razonable rebelión de unos cuantos irresponsables contra el, a pesar de todo, invencible capitalismo. Los que luchan en las barricadas le parecen, pues, extraviados; la revolución aplastada un "error" y los constructores del socialismo en una revolución victoriosa -aunque a los ojos de los oportunistas sólo pueda
forzosamente serlo de manera efímera- incluso, criminales.

En el materialismo histórico figura, pues, como condición previa -ya en la teoría- la actualidad histórico-universal de la revolución proletaria. En este sentido, como fundamento objetivo de toda la época y como clave para su entendimiento, constituye el núcleo de la doctrina marxista. Sin embargo, a pesar de la restricción, impuesta por el tajante repudio de
todas las ilusiones no fundadas y la condenación severa de todas las tentativas de putsch, la interpretación oportunista se aferra, atendiendo especialmente a los detalles, a los llamados errores de las previsiones de Marx, con el fin de extirpar de manera total y radical la revolución, por medio de este rodeo, del edificio general del marxismo. Y en esto los defensores "ortodoxos" de Marx se encuentran a medio camino con sus "críticos". Kautsky replica a Bernstein que la decisión acerca de la dictadura del proletariado es asunto que hay que abandonar al futuro (aun futuro muy lejano, por supuesto).

Lenin ha restaurado en este punto la pureza de la teoría marxista. Y la ha captado, precisamente en lo que a esto concierne, de manera más clara y concreta. No es que haya intentado corregir de un modo u otro a Marx. Se ha limitado a introducir en la teoría -a raíz de la muerte de Marx- la marcha viva del proceso histórico. Lo cual significa que la actualidad de la revolución proletaria no es ya únicamente un horizonte histórico-universal tendido por encima de la clase obrera que pugna por liberarse, sino que la revolución se ha convertido en el problema crucial del movimiento obrero.

Lenin podía soportar tranquilamente el reproche de blanquismo,1 etc., que le valió esta postura suya fundamental. Y no   sólo por estar en buena compañía, en este punto, ya que compartía dicho reproche con Marx (con "ciertos aspectos" de Marx) sino porque en realidad no se ganó esta buena compañía sin merecimientos por su parte. Por un lado, ni Marx ni Lenin se plantearon nunca la actualidad de la revolución proletaria y sus objetivos finales como si su realización fuera posible en cualquier forma y en cualquier momento. Por otro, la actualidad de la revolución llegó a convertirse para ambos en el seguro criterio de acuerdo con el cual tomar las decisiones pertinentes en todos los problemas cotidianos.
La actualidad de la revolución determina el tono fundamental de toda una época. Tan sólo la relación de las acciones aisladas con este punto central, que únicamente puede ser encontrado mediante el análisis exacto del conjunto histórico-social, hace que dichas acciones aisladas sean revolucionarias o contrarrevolucionarias. Como actualidad de la revolución hay, pues, que entender: el estudio de todos y cada uno de los problemas particulares del momento en su concreta relación con la totalidad histórico-social; su consideración como momentos de la liberación del proletariado.

El enriquecimiento que, en este sentido, el marxismo debe a Lenin, consiste simplemente -simplemente!- en la vinculación íntima, evidente y cargada de consecuencias de las acciones individuales al destino global, al destino revolucionario de toda la clase obrera. Significa simplemente que todo problema actual -por de pronto ya como tal problema actual- se ha convertido, a la vez, en un problema fundamental de la revolución. Con el desarrollo del capitalismo la revolución proletaria se ha convertido en el problema del día. Lenin no ha sido el único en prever la inminencia de esta revolución. De todos modos, no sólo se distingue por su valor, abnegación y su entrega de todos aquellos que en el momento en que la revolución proletaria, cuya actualidad habían pregonado ellos mismos en el plano teórico, entraba en su fase práctica prefirieron huir cobardemente, sino también por su claridad teórica de los mejores, más lúcidos y heroicos de entre los revolucionarios contemporáneos. Porque ni siquiera éstos fueron capaces de otra cosa que de reconocer la actualidad de la revolución proletaria del modo mismo en que Marx la concibió en su período histórico: como problema fundamental de la
época. No les fue posible convertir este exacto conocimiento suyo -pero sólo en ella- en el hilo conductor indiscutible de exacto en la perspectiva histórico mundial, todos los problemas del día, tanto de los políticos como de los económicos, de os teóricos como de los tácticos, de los concernientes a la agitación corno de los relacionados con la organización. Lenin fue el único en consumar este paso hacia la concretización del marxismo, un marxismo actualmente convertido en algo eminentemente práctico. De ahí que -en el plano histórico-mundial- haya sido el único teórico comparable a Marx que hasta la fecha ha producido la lucha del proletariado por su liberación.

Notas

1. Se da el nombre de blanquismo a la tendencia política representada por Louis Auguste Blanqui (1803-1881), uno de los revolucionarios franceses más importantes del siglo XIX, y sus seguidores. Creía en la necesidad de una dictadura revolucionaria que reeducara a las masas, implantada por un pequeño partido armado y muy disciplinado.

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Resultado de imagen para manifiesto comunistaConmemoración del 170 aniversario de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista

Ser revolucionario, luchar por la transformación social, declararse rebelde frente al poder establecido, dedicar las fuerzas vitales al propósito de hacer posible una sociedad nueva y distinta, ser una mujer y un hombre nuevo, todo ello adquirió un sentido histórico, más allá de solo un ideal, a partir de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista. La redacción de esta declaración pública de la postura política, la ideología y los objetivos de los comunistas, les fue encargada a Carlos Marx y Federico Engels por una organización clandestina de obreros, una organización creada para la lucha política y social, llamada "La liga de los comunistas".

Desde el momento de su publicación hasta el día de hoy, las y los revolucionarios, así como las organizaciones políticas de izquierda, y por supuesto las organizaciones guerrilleras, a lo largo y ancho del mundo, han leído en sus páginas el mensaje de convertir en un hecho posible la destrucción de la sociedad capitalista, que genera de un lado riqueza y poder político y social en una minoría, y del otro lado miseria, pobreza y condiciones de vida indignantes para las mayorías, y ese mensaje plantea claramente que la destrucción de la sociedad vieja y la creación de la nueva sociedad se hace mediante la práctica revolucionaria. Es decir, no se trata solo de entender las condiciones de vida social antes descritas, sino que se requiere asumir una práctica revolucionaria para hacer posible el cambio de sociedad.

En este año 2018 se conmemoran 170 años de la publicación del manifiesto, escrito a finales del año 1847 y las primeras semanas del año 1848, el cual se publicó el día 21 de febrero de 1848 en la ciudad de Londres (Inglaterra), originalmente publicado en idioma alemán, luego traducido a varios idiomas, entre ellos el español. Con motivo de esta conmemoración, dedicaremos algunos artículos sobre esta obra y a su vez hacemos una invitación especial a las y los militantes del ELN, a retomar la lectura de este verdadero plan de lucha revolucionaria, a revitalizar el compromiso revolucionario volviendo a sus páginas, para reencontrarnos, entre otras, con los puntos planteados por los comunistas para adelantar la tarea de la toma del poder político y la transformación social. La invitación a volver a leer el manifiesto puede ser de forma individual, o si las condiciones lo permiten, que se hagan lecturas colectivas y sirva la ocasión para hacer formación política con la militancia.

Este primer artículo sobre el manifiesto está dedicado a caracterizar cada uno de sus capítulos, y a hacer algunos énfasis en las ideas más destacadas de cada uno de ellos. En los siguientes artículos tendremos ocasión de hacer referencia a hechos del contexto histórico en que se escribió esta obra, en razón a que su publicación se dio en un momento de revoluciones en varios países europeos.

El manifiesto consta de una introducción y cuatro capítulos. En la introducción Marx y Engels declaran explícitamente que la obra tiene el propósito de exponer las ideas y el plan de lucha de los comunistas, organizados como partido político revolucionario, para destruir el poder político, las instituciones, las relaciones sociales, las ideas, los valores, etc., de la vieja sociedad e instaurar una nueva. Esta introducción se abre con una frase que ya es muy conocida en el mundo entero, dice así: “un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”.

La liga de los comunistas, como dijimos previamente, era una organización obrera que tenía un carácter clandestino, dado que el poder político en ese momento, el poder absolutista feudal en varios países europeos, y las monarquías constitucionales en otros países, restringían las libertades sociales, entre ellas la libertad de asociación para la actividad política, por ello quienes no estaban de acuerdo ni conformes con el régimen político en ese momento y emprendían acciones para criticarlo, deslegitimarlo y derrocarlo, tenían que organizarse y adelantar las distintas actividades revolucionarias de manera clandestina, so pena de ser arrestados y enjuiciados, exiliados o condenados a pena de muerte. Marx y Engels, en consecuencia, declaran que ya pasó el tiempo de actuar clandestinamente, que llegó el momento de exponer el plan de lucha de los comunistas y actuar amplia y abiertamente para el logro de sus objetivos. Esta frase introductoria es entonces una verdadera consigna de lucha.

El primer capítulo se llama: BURGUESES Y PROLETARIOS. Este capítulo es muy importante en la historia política mundial, ya que Marx y Engels hacen uso de la concepción materialista de la historia para caracterizar la formación social burguesa. (Ya se ve la necesidad y la importancia para los revolucionarios, y particularmente para la militancia del ELN, de tener suficientemente claros estos conceptos, por lo cual hablaremos de ellos en otra ocasión).

El primer aspecto abordado en este capítulo es la lucha de clases. El mismo Marx en una carta a uno de sus copartidarios, el comunista José Weidemeyer, le escribia que no fue él quien por primera vez habló de la lucha de clases, ya antes algunos historiadores franceses habían usado la expresión “lucha de clases”. Veamos cuál fue el aporte de Marx, con sus propias palabras, para lo cual reproducimos lo dicho por él en aquella carta:
“Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases...”

Acá, por razones metodológicas, solo vamos a ocuparnos del numeral 1 expuesto por Marx en esta carta. Este punto de vista respecto de la lucha de clases, unió de una vez y para siempre la historia social con los modos de producción de los bienes de existencia, es decir, si hay algo que podamos llamar historia, ésta no es otra cosa que el modo cómo produce una determinada sociedad su existencia. ¿y dónde está la lucha de clases en esta concepción de la historia?

Veamos, Marx vincula los modos de producción al carácter social de la propiedad. Esto quiere decir que acorde con el carácter social de la propiedad en una determinada sociedad, se establecen distintos tipos de relaciones sociales para producir los bienes de existencia. Si en una determinada sociedad el carácter social de la propiedad es colectiva, las relaciones sociales para producir los bienes de existencia serán de cooperación, solidaridad y beneficio común. Por otra parte, si en una determinada sociedad el carácter social de la propiedad es privada, las relaciones sociales para producir los bienes de existencia serán relaciones de explotación.

El desarrollo mismo de la producción hizo que en un determinando momento de la historia social se produjera más de lo necesario para garantizar la existencia de los miembros de la sociedad. En otras palabras, producir más de lo necesario para subsistencia de la comunidad, fue producto del proceso constante de desarrollo, de cambio, de control y dominio, del hombre sobre la naturaleza. Una vez se alcanzó este nivel de desarrollo en que hubo un excedente de producción, se inició el proceso de división de la sociedad. Se pasó de un modo de producción socializado, colectivo, con propiedad común de los medios de producción, y a su vez, distribución y cambio común del producto, a otro modo de producción en que se privatizó la propiedad de los medios de producción.

En consecuencia, lo que plantea el marxismo es que si un sector de la sociedad se apropia de los medios de producción y por ende del control del proceso mismo de la producción, este el factor que genera los antagonismos de clase, es decir, se pasa de una sociedad con intereses comunes a una sociedad con clases y sectores de clase con intereses distintos y antagónicos. Así se llega, en virtud del desarrollo de la producción, a la lucha de clases. Lucha de clases que, según la expresión de Marx, es el verdadero motor de la historia.

No es casual entonces que el manifiesto se inicie contextualizando precisamente la lucha de clases, y poniendo de presente el carácter histórico de las fases del desarrollo de la producción. Si el modo de producción capitalista, dirán Marx y Engels, no es un modo de producción eterno, fijo, inmodificable, sino uno más de los distintos modos de producción por los que ha atravesado la historia de la sociedad, pues entonces es posible cambiar dicho modo de producción. Este, en síntesis, es el propósito de los comunistas, transformar el modo de producción capitalista, pero como dijimos previamente, lo clave de este proceso de cambio, de revolución, es la transformación del carácter social de la propiedad. Lo que buscan los comunistas, siguiendo el planteamiento expuesto en el manifiesto, es confrontar a los dueños de los medios de producción, mediante una intensa lucha de clases, para acabar con el monopolio de la propiedad sobre dichos medios, y convertirlos en medios de propiedad colectiva, sociales, no privados como es hoy en la sociedad capitalista. Este es el comunismo original. ¿Pero, cómo lograrlo?

En buena medida el manifiesto es una propuesta para alcanzar este objetivo. Pero en esto tenemos que ser consecuentes con la concepción materialista de la historia, y ubicar que el plan para lograr este objetivo, que presentó la liga de los comunistas en 1848, era un plan acorde a las condiciones históricas del momento de su publicación, por lo cual no hay que considerar dicho plan como una receta universal, atemporal y de aplicación genérica para todo tiempo y lugar.

Ese plan se basó en un análisis de la formación social burguesa de ese entonces, la sociedad de mediados del siglo XIX, análisis que presenta el nivel de desarrollo alcanzado por dicha sociedad; la correlación de fuerzas entre las dos clases con mayor protagonismo en la lucha de clases, los burgueses y los proletarios; el nivel de desarrollo de las ideas socialistas y comunistas; la relación de los comunistas con los demás partidos de trabajadores; y presenta como aspecto de fondo, la necesidad de que las grandes masas de trabajadores se constituyeran en clase, es decir, que se organizaran para la lucha política y social, para la lucha revolucionaria.

Sin ir más lejos, asimilando lo que Marx y Engels plantean en el manifiesto, este método de entender la dinámica histórica de la sociedad y de asumir una práctica revolucionaria, nos exige a todos los revolucionarios del mundo, a todas las organizaciones sociales, políticas, político-militares como es el ELN, a definir su plan de lucha, su táctica y su estrategia, basados en un análisis de la formación social en este momento de la historia. El análisis de la formación social tiene como punto de partida la sociedad mundial, en razón a que el modo de producción capitalista se ha generalizado a nivel mundial, pero esta categoría del marxismo también nos enseña que el capitalismo no es el mismo en todo tiempo y lugar, por lo cual hay que llevar el análisis de la formación social a nuestro contexto como nación, a la caracterización histórica de nuestra sociedad colombiana.

Fundamentados en una lectura marxista de la realidad, es decir, basados en un análisis de la formación social colombiana, entendiendo el nivel de la lucha de clases en nuestro país, es que el ELN ha adelantado su lucha revolucionaria durante estos 54 años. Hoy tenemos que actualizar el análisis de la formación social colombiana, para hacerle manifiesto a nuestro pueblo, las razones sociales e históricas de nuestra lucha, y para reafirmar que nuestro proyecto revolucionario sigue vigente.

Primer Artículo
Por: Efraín Pabón
Ranpal.net

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Este 05 de mayo de 2018 se sumplen docientos años del nacimiento de Karl Heinrich Marx y queremos compartir con nuestros compañeros(as) y seguidores(as) algunas reflexiones ambientalistas y ecológicas de este filósofo e investigador Alemán dada la perversidad con que el modelo estractivista capitalista se ensaña hoy contra nuestra madre tierra, que es atentar contra la existencia presente y futura de la humanidad.

Precisamente en sus Manuscritos de 1844, Marx escribe que: "El hombre vive de la naturaleza, esto quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el que debe permanecer en un proceso continuo, a fin de no perecer. El hecho de que la vida física y espiritual del hombre depende de la naturaleza no significa otra cosa sino que la naturaleza se relaciona consigo misma, ya que el hombre es una parte de la naturaleza”.

La Revista Herramienta Nro 47 nos recrea una postura marxista ecológica que queremos compartir con nuestros seguidores(as)como una directa invitación a participar en le debate ambiental ante la realidad crítica que esboza la geopolítica del despojo por parte de las multinacionales capitalistas.

Ranpal.
Colombia, febrero 06 de 2018

   

MARXISMO ECOLÓGICO

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«La burguesía sólo reconoce que un estado es fuerte cuando, haciendo uso de todo el poder del aparato gubernamental, consigue movilizar a las masas en el sentido deseado por los gobiernos burgueses. Nuestra concepción de la fuerza es diferente. Para nosotros lo que da su fuerza a un estado es la conciencia de las masas. El estado es fuerte cuando las masas saben todo, pueden juzgar sobre cualquier cosa y actúan siempre con perfecta conciencia» (Vladímir Ilich Uliánov, «Lenin»).



Hoy nadie da un centavo por teorías que a comienzos de los años noventa del siglo pasado, daban por sentado el triunfo definitivo del capitalismo y el fin de la historia. Para esa época, la euforia y el triunfalismo de las clases poderosas eran totales, alimentadas por la caída de la Unión Soviética y del llamado “Socialismo Real”. Solo pocas voces como las de Fidel sostenían la bandera en alto y las clases dominantes consideraban cuestión de poco tiempo su derrota definitiva.
Sin embargo, la lucha de clases, la lucha de los pueblos en sinnúmero de expresiones se hicieron sentir y a la vez que caía un modelo de sociedad en Europa del este y Asia, en América Latina se levantaban interesantes procesos de masas e insurgentes, inicialmente bajo las banderas de la justicia social y contra el neoliberalismo.


Es el caso del Caracazo, levantamiento popular que movió los cimientos de la sociedad venezolana y que luego fue secundado con la insurrección cívico militar del año 92 liderada por el Comandante Chávez. También los levantamientos indígenas en Ecuador y Bolivia sentaban las bases de los cambios posteriores.
A comienzos del siglo XXl el saldo ya se podía medir. La antigua Unión Soviética y los países que hicieron el retorno al capitalismo habían retrocedido en las conquistas sociales que significaron prosperidad material para millones de personas; el capital que para sobrevivir siempre necesita expandirse tomaba posición política, militar y económica de las nuevas repúblicas cercenándoles su independencia y sometiéndolas al yugo del neoliberalismo.
Mientras tanto Cuba salía adelante y seguía levantando la bandera socialista y de independencia, mostrando innegables resultados sociales en salud, educación, deporte, paz en un periodo muy difícil.

Los pronósticos de Fidel hechos a comienzos de los 90s comenzaban a verse en la realidad: los pueblos se iban a levantar contra el neoliberalismo y surgirían nuevas alternativas. En efecto, el triunfo del Comandante Chávez en las elecciones de 1998 en Venezuela ayudo a avivar las luchas en el mundo y a construir nuevos referentes de sociedad. Para el año 2006 el Comandante volvía a poner el tema del socialismo en la agenda mundial, pero muy especialmente en América latina.
Recordamos los anteriores hechos porque estamos convencidos que las realidades universales e históricas de los pueblos están íntimamente relacionadas y la propuesta socialista que llego bien alto, tras el triunfo de la Revolución Bolchevique del 25 de octubre de 1917, sigue vigente lo mismo que las diversas formas de organización y lucha que emprendieron los revolucionarios rusos durante largos años previos al triunfo, lo cual no quiere decir que no existan condiciones particulares, en cada país, así como practicas a superar en sintonía con la realidad de cada país.
Revolución Rusa de 1917.
El 8 de marzo de 1917 (27 de febrero, según el calendario ortodoxo ruso) comienza una movilización de mujeres que piden pan, porque hay un racionamiento terrible impuesto por la economía de guerra, dando inicio a la segunda revolución rusa.


Hay una primera fase de revolución burguesa, en la cual los Zares son depuestos por el pueblo y la burguesía, pero esta toma un rumbo reaccionario y a favor de la guerra interimperialista (Primera Guerra Mundial)
Entra entonces una segunda fase de revolución proletaria, a partir de la radicalización de los obreros y del inconformismo de soldados y campesinos. Los obreros, campesinos y soldados se organizan en Soviets (Asambleas de trabajadores que expresan la democracia por la base), y las condiciones están dadas para una revolución proletaria y la derrota de la burguesía en el poder, desde hace pocos meses
Previamente, en julio de 1917 Lenin había dicho:
«El pueblo debe convencerse de que no hay otra alternativa que la política bolchevique…No queremos…el golpe revolucionario de una minoría».


Esto, ante la tentativa de muchos bolcheviques por lanzarse a la insurrección antes de tiempo, a lo cual se opone el líder bolchevique, siempre partidario de ganar la voluntad del pueblo y de contar con las mayorías.
Y, en efecto, a fines de septiembre los bolcheviques ganan la mayoría de los soviets en San Petersburgo y en otras ciudades y de 350 bancadas, 310 en las elecciones de Moscú.
Todo esto es un proceso de construcción de legitimidad y hegemonía, muy bien entendido por Lenin, donde fuerza y consenso se combinan para hacer la revolución y para sostener el poder de un estado.


De acuerdo a la experiencia bolchevique, están dadas las condiciones para la revolución si se presentan los siguientes elementos subjetivos:


1) Las fracturas en los grupos dirigentes de la sociedad que permiten a las masas expresar la inconformidad;


2) los niveles de inconformidad en las clases populares;


3) la posición en la lucha de la clase media;


4) el contexto internacional;


5) las dudas generadas en las fuerzas armadas para apoyar o disentir del curso insurreccional.


Por lo anterior, Lenin siempre recalcaba que: “La sola opresión, por grande que sea, no siempre origina una situación revolucionaria en un país”. De ahí la necesidad de una sólida organización de cuadros y de masas, así como de una táctica y una estrategia bien estructuradas que al mediano y largo plazo rinden sus frutos al calor de la lucha de clases, sectores sociales y pueblos.


La Revolución Bolchevique del 25 de octubre de 1917, fue todo un proceso que involucró a una multiplicidad de naciones (No solo a Rusia) y que implicó la participación de las grandes mayorías oprimidas; no es el golpe de una minoría como lo dicen los medios de la propaganda imperialista, sino que allí se desencadenaron las fuerzas de las clases populares bajo la acertada conducción de los bolcheviques y de su líder Lenin, que bien plantearon que ese era el comienzo de una revolución mundial.

Por: Javier Cáceres

Tomado de la RPI 397

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